Desde el 1 de enero de 2026, enviar dinero a México en efectivo por una remesadora tradicional en Estados Unidos cuesta un poco más: un nuevo impuesto federal del 1% se suma a la comisión de siempre. Las transferencias en USDT, en cambio, no pagan ese impuesto — no por un vacío legal reciente, sino porque la ley que lo creó nunca las clasificó como algo a lo que aplicara.
Esto no es una recomendación de qué usar — es lo que cambió, con cifras reales, para decidir con información completa. Si todavía no tienes claro qué es exactamente USDT y en qué se diferencia de Bitcoin, ese post lo explica primero: qué es una stablecoin, y por qué no es lo mismo que Bitcoin.
Lo que cambió el 1 de enero de 2026
La ley que introdujo este impuesto (conocida como “One Big Beautiful Bill”) se firmó el 4 de julio de 2025, con el impuesto entrando en vigor para toda transferencia realizada a partir del 1 de enero de 2026. Es un impuesto federal del 1% sobre remesas internacionales — pero no sobre todas por igual: aplica únicamente cuando el envío se paga con instrumentos físicos (efectivo, giro postal o cheque de caja). Las transferencias pagadas desde una cuenta bancaria o con tarjeta de débito o crédito quedan exentas desde el diseño mismo de la ley.
En números: enviar 1,000 dólares en efectivo por una remesadora significa 10 dólares adicionales de impuesto, encima de la comisión que ya cobraba esa remesadora. Y esa comisión, aunque ha bajado con los años — el costo promedio global de una remesa pasó de casi 8% en 2010 a menos de 4% en 2026, según el Banco Mundial — sigue siendo un porcentaje real sobre un flujo enorme: solo en febrero de 2026, México recibió 4,468 millones de dólares en remesas.
Transferencias desde cuenta bancaria o tarjeta ya estaban exentas desde el diseño de la ley. El impuesto es una excise tax del 1%, no un cambio en cómo se grava el ingreso de quien recibe el dinero en México.
Por qué el USDT queda fuera, según la propia ley
La ley define el impuesto sobre “instrumentos físicos” — efectivo, giros postales, cheques de caja. Los activos digitales (Bitcoin, Ethereum, USDT y el resto) no están clasificados dentro de esa categoría, así que una transferencia en USDT queda fuera del alcance del impuesto por completo. No es una interpretación agresiva ni un resquicio descubierto después — es, simplemente, que la definición nunca los incluyó.
Vale la pena ser precisos aquí, porque es fácil malinterpretarlo: quedar fuera de este impuesto específico no significa quedar fuera de toda obligación fiscal. Los activos digitales siguen sujetos a otras reglas — en Estados Unidos se tratan como propiedad para efectos fiscales, no como moneda, y las ganancias siguen siendo declarables. Esto es información sobre cómo funciona el impuesto a remesas, no asesoría fiscal — si tu situación tiene matices (montos grandes, residencia fiscal en más de un país), vale la pena confirmar con un contador antes de decidir.
Los activos digitales siguen sujetos a otras reglas fiscales distintas a las de las remesas. Esto explica cómo funciona una ley específica, no sustituye una consulta con un contador para tu caso concreto.
Cómo se ve el proceso real, paso a paso
Carlos —el mismo que en el post sobre inflación se preguntó cuánto perdía su dinero quieto en el banco— tiene una tía en Guadalajara a la que le manda dinero cada mes. La primera vez que probó USDT en vez de su remesadora de siempre, el proceso fue así: compró USDT en una plataforma como Bitso o Binance con dólares desde su cuenta bancaria (sin pagar el impuesto del 1%, por ser pago bancario, no en efectivo), y lo envió a la dirección de wallet de su tía por la red Tron (TRC-20) — la más usada para este tipo de envíos, con comisión de red que rara vez supera un dólar y confirmación en menos de un minuto. Su tía, con ayuda de un primo, convirtió el USDT recibido a pesos en un exchange local.
La parte que Carlos no dio por sentada fue verificar que la wallet de su tía estuviera configurada para recibir por la misma red (TRC-20) que él estaba usando para enviar — el mismo riesgo de red incompatible que ya explicamos en el post de stablecoin vs. Bitcoin: red equivocada significa fondos perdidos, sin forma de revertirlo. Por eso la primera vez envió solo 20 dólares de prueba, confirmó que llegaran bien, y hasta entonces mandó el monto completo.
Una dirección mal copiada o una red distinta no se puede revertir. Una transferencia de prueba pequeña antes del envío completo cuesta segundos y evita el único error que de verdad sale caro.
La comparación completa
- Comisión: hasta ~4% en promedio global (Banco Mundial, 2026)
- + 1% de impuesto federal, si se paga en efectivo
- Tiempo: minutos a días, según el proveedor
- Requiere sucursal física o app con cuenta verificada
- Comisión de red: por debajo de $1 USD, sin importar el monto
- Sin impuesto federal (fuera del alcance de la ley)
- Tiempo: menos de un minuto
- Requiere que ambas partes tengan cuenta en un exchange y wallet compatible
Ninguna de las dos rutas es automáticamente “la correcta” — la remesadora tradicional no exige que el destinatario entienda de wallets ni redes, y eso tiene un valor real cuando quien recibe el dinero no está familiarizado con cripto. Lo que sí cambió en 2026 es que la brecha de costo entre ambas se hizo más ancha, y por primera vez hay una razón fiscal explícita (no solo de comisión) detrás de esa diferencia.
Si quieres ver cómo encaja esto en el panorama completo de la nueva economía digital, eso es justamente de lo que trata Infinexa. Y si ya tienes una situación concreta — a quién le envías, con qué frecuencia, qué tan cómoda está esa persona con wallets — podemos platicarlo directamente.